Cuban Theater Digital Archive

Por el monte Carulé

Premiere: US

Directing team: +

Name Function(s)
Rubén Darío Salazar Director

Cast: +

Name Role(s)
Rubén Darío Salazar Actor / actress

Design team: +

Name Function(s)
Zenén Calero Props designer, Stage designer, Costume designer
Liliam Padrón Choreographer

Production team: +

Name Function(s)
FUNDarte Producer

Notes: +

BOLA DE NIEVE: todos los sueños dentro de un piano.

Nadie sabe cuántas cosas, cuántas melodías o recuerdos puede guardar un piano entre sus cuerdas y teclas. Nadie sabe, tampoco, cómo pueden confesarse ante un teclado de ébano y marfil las verdades de una vida. Teatro de las Estaciones se inclina hoy ante el piano en el que quizás Bola de Nieve, que es lo mismo que decir Ignacio Villa, dejó algunas confesiones: páginas de esa existencia suya que solo un piano encantado pudo guardar con tanto celo. Había una vez un niño, en el pueblito habanero de Guanabacoa, que gustaba de la música, de los juegos simples, y del cariño infinito de su madre. Todos esos amores se hicieron uno cuando descubrió el piano, y aquel instrumento enorme, desde la infancia, se convirtió en la puerta que lo condujo a otros pueblos y a otros amores. Delante de un piano, Ignacio se ganó la vida tocando en cines pobres y populares. Delante de otro, se presentó en México, durante su primera gira internacional, en la cual Rita Montaner, su amiga y amorosa rival, le regaló un nombre artístico con el cual le daría la vuelta al mundo. Bola de Nieve nació delante de un teclado. Y así regresa con cada canción en la que su voz “de persona” nos habla de una Cuba que todavía, cómo no, palpita y salta del pentagrama.

Recordar a Bola de Nieve desde el hechizo de los títeres podría parecer extraño. Pero, ¿qué podría extrañar realmente de un ser tan prodigioso, que se transformaba con cada canción, y lograba abrir las almas de públicos tan distintos? Por el monte carulé es un álbum de recuerdos y visiones en los que, a través de Bola, quisiéramos recuperar muchas cosas, imaginándolas en una noche en el Monseigneur, ese restaurante habanero donde dicen que aún canta su espíritu, y devolviéndolas como cartas o páginas entrañables. Sus pasiones, sus tristezas y juegos, sus alegrías y soledades, lo muestran junto a Federico García Lorca y Dora Alonso en la serie de espectáculos que, dedicados a esos seres irrepetibles, nos acercan a ellos con el gesto caricioso de quien se sabe acompañados por ellos. Mirar una vida, oírla en su propia canción, honrar a un ser humano transparente… Eso quiere ser Por el monte Carulé, nuevo teclado, nuevo piano para un Bola de Nieve niño, aplaudido y eterno.

Ya se abre el piano (un piano al cual hemos llegado gracias a amigos de siempre y otros nuevos, como Ramón Fajardo y Sigfredo Ariel, a los que tanto agradecemos). Y los camareros del Chez Bola, ese Monseigneur que el artista convirtió en nuevo sitio de encantamientos, nos invitan a ocupar nuestros sitios. Las luces bajan para que comience el concierto. El concierto de una existencia que se regala como canción. A lo mejor, eso es la vida: una canción extendida como un sueño. Y los sueños caben dentro de un piano. Solo hay que saber tocar esas teclas para que todo resucite. ¿En la vida de quién, que quiera saberse soñando, no hay ya una canción de Bola de Nieve?

 


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